O mejor dicho, ¿Qué hacer si Iberia demora o pierde tu equipaje en un vuelo?.
Bueno, básicamente, romper las pelotas a Iberia, tener un seguro de viaje que cubra equipaje perdido y en el aeropuerto de llegada  pedirles el teléfono a los del servicio de reclamo y comunicarte con ellos SIEMPRE.

Mi experiencia, esta vez, fue de primeriza. Nunca antes me habían demorado el equipaje, así fue que llegada a París, voy en busca de mi valija y no estaba. Formaba parte de un grupo de turistas que habían salido desde Sao Paulo con destino París, previa conexión en Madrid. Formaba parte de un grupo de turistas al que su vuelo desde Sao Paulo se atrasó por la niebla en el aeropuerto. Formaba parte de un grupo de turistas al que su vuelo salió casi dos horas más tarde y estaba muy latente la posibilidad de perder la conexión en otra ciudad y tener que ser reubicada en otro vuelo. Formaba parte de un grupo de turistas que corrió desde la terminal 4 en Madrid hasta la terminal 4S para poder llegar a tiempo a su vuelo hacia París que salía 20 minutos después de haber aterrizado. Formaba parte de un grupo de turistas que se quedó sin equipaje varios días.

El primer error, vino de estar apurada por hacer la conexión que tenía. Era obvio que si yo corría, mi valija no lo iba a hacer. Sino que más bien iba a seguir el camino de la burocrática vida del equipaje en un aeropuerto, por lo cual. antes de haber corrido, debería haber pensado que si yo llegaba, mi equipaje no estaba en esas condiciones y lo seguro era que fuese colocada en el vuelo que le seguía al mío.

El segundo error, fue que al haber dado los datos de dónde me iba a hospedar una vez iniciado el trámite de reclamo (era un departamento alquilado por airbnb y no un hotel) no los comprobé cuando me dieron el papel de demora de equipaje. ¿Cómo es esto? El papel que me dieron una vez dí mis datos, era un papel que tenía número de referencia, la fecha y teléfonos a los que llamar. no tenía escrito en ese papel la dirección a la que iba a ser enviada la valija. Por lo cual, no haber corroborado si la dirección estaba mal, corría peligro de no obtenerla en tiempo y no se si forma.
Lo cual pasó.

El tercer error fue que al estar en una ciudad que nunca estuve antes, no sabía cómo iba a ser el edificio del departamento en el que estaba y pensé que todos los edificios del mundo son iguales.
Y no, todos los edificios que ví en París tienen un código de entrada al edificio y no tienen como los edificios que conocí en el resto del mundo timbres a los distintos departamentos, por lo cual, si me llevaban la valija, nunca me iba a enterar porque la persona encargada de entregármelo no iba a poder entrar al edificio ni hacérmelo saber.

El cuarto error fue confiar en la empresa de entrega de equipaje y pedir que me lo entregaran en mi domicilio y no haber esperado un par de horas más.
Había llegado a París a las 11 am, mi equipaje llegaba a las 2pm, si me hubiese quedado esas horas esperándolo, no hubiese estado 4 días en pelotas.

El quinto error fue que al no recibir mi equipaje a ese día y al comunicarme con Iberia, creer que ellos realmente hablan con el aeropuerto.
Ya al 3er día de llamar a Iberia y prometerme boludeces, me di cuenta que ellos no hablaban con el aeropuerto, sólo mandaban mensajes por sistema pero no es que hay una comunicación oral, sino más bien un mensaje asentado en la incidencia y listo.


¿Cómo pude recuperar mi equipaje que fue perdido en un vuelo?
En los llamados que tuve a Iberia, siempre me decían que mi equipaje estaba en el transporte y que iba a ser entregado en el día, por lo cual me recomendaban quedarme hasta tal hora, etc. Después de haber esperado dos días, corroborar que la dirección estaba mal, darles la correcta, esperar que me entregaran la valija y que no lo hicieran quedé con Iberia en que iba a ir a buscarla al aeropuerto. Al día siguiente a primera hora, llamo a Iberia, me confirman que mi equipaje se encontraba en el aeropuerto de Orly, así que fui para allá. La valija no estaba.
Es ahí, en donde los del servicio de reclamo dieron su teléfono y la comunicación básicamente fue sólo con ellos. Y fue que gracias a ellos, se quedó en que al día siguiente iba a ir al aeropuerto nuevamente a retirar la valija por mi cuenta sin meter ya en esto a Iberia. ¿Por qué sin meter a Iberia en la comunicación de recupero de equipaje? Simplemente porque en la última llamada telefónica que tuve con ellos, me di cuenta que no tienen la comunicación que creí tenían con los del courier o el servicio de reclamo. Esa comunicación es nula. No hay feedback.
Bueno, por suerte, siempre que viajo contrato el servicio de Assist-Card superior que cubre todo. Una vez que comencé el proceso de aviso a ellos, me dieron 36 hs (o le dieron a los de Iberia) para recuperarlo y sino me daban una suma de dinero por lo perdido, y por lo cual me recomendaban que si compraba algo de ropa o artículos de aseo personal, guardara los tickets ya que serían reintegrados luego, también iban a realizar el reintegro de lo gastado en las comunicaciones hacia Iberia, imagino porque no solucionaban nada y me causaban más gastos.

Así que resumiendo todo este pequeño inconveniente que tuve aprendí que, si mi vuelo se retrasa y existe la posibilidad de ser colocada en el vuelo siguiente al destino que estoy viajando, es mejor que pierda la conexión y viaje en el próximo; esto sólo si existe esa oportunidad. También aprendí que si el equipaje se atrasa y sólo es por un par de horas, pasar ese tiempo aburrida en aeropuerto es lo recomendable, París no iba a desaparecer por un par de horas en que yo me quedara esperando la valija, pero bueno, la ansiedad me estaba matando.



"Yet with these April sunsets, that somehow recall my buried life, and Paris in the spring,
I feel immeasurably at peace, and find the world to be wonderful and youthful afterall".

T.S. Eliot, Collected Poems, 1909-1962


Hoy soñé con mis próximas vacaciones. Soñé con el lugar en dónde me tenía que bajar para caminar 1 cuadra y media al departamento que había alquilado por airbnb y que, creo, dos semanas atrás cancelaron.
El Pont de Bir-Hakeim, tiene una vista a la Torre Eiffel, quizás uno de los puntos turísticos más fotografiados del mundo entero, y me había preguntado en varias ocasiones, cómo sería la vista desde el puente.
Soñé con eso, soñé con ese bendito puente. Con ese puente, que no aparece en Rayuela, pero sí aparece en El Último Tango en París, y ahí aparece Marlon Brando con toda esa juventud-canosa-encima-gritando-debajo-del-metro y se cruza con una mujer que él no nota, y los dos caminan con diferentes miradas aunque más tarde, se amen en un cuarto. Un cuarto en París. París, el del Pont de Bir-Hakeim. Soñé con ese París. El París que te permite amar gritando, con La Maga y Oliveira en la cabeza.

"¿Qué venía yo a hacer al Pont des Arts? Me parece que ese jueves de diciembre tenía pensado cruzar a la orilla derecha y beber vino en el cafecito de la rue des Lombards donde madame Léonie me mira la palma de la mano y me anuncia viajes y sorpresas. Nunca te llevé a que madame Léonie te mirara la palma de la mano, a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mí, porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro."

Jueves 21 de Mayo de 2015, 20:13 hs.
Sigo en la oficina.
Mañana salgo por unos días con mi familia y viajo a Misiones a visitar a mi hermana mayor y sus hijas que me esperan ansiosamente porque no voy a Misiones hace bastante tiempo.
Estoy en la oficina, levanto la cabeza y no hay nadie. Me pongo a cantar all by myself de Celine Dion, grabo un video y se lo paso a mis compañeros y algunas amigas.
Me doy cuenta de lo triste de esta canción y pongo The Black Keys, porque si vamos a levantar, levantemos moviendo la cabeza.

En dos semanas salgo de viaje, de nuevo. Pero esas son vacaciones merecidas.
15 días recorriendo algunas ciudades.
Y un corazoncito latiendo fuertemente.
Cambio y fuera.

Hace varios años atrás, muchos en realidad, (estaba por comenzar el CBC), encontré que en mi mudanza a la gran ciudad, había traído uno de los cd's que a mis dieciquince* años adoraba. Durante mi secundaria no había escuchado mucha música POP! (lo escribo así porque para mí, es la forma de decirlo, la forma "alegre"), siempre fui de escuchar rock de los 70 y ser amiga íntima de los secretitos que Janis Joplin, Stevie Nicks, Joni Mitchell me contaban con algunos cantitos de Patti Smith, Pat Benatar, Joan Baéz, Annie Lennox y bleh; pero ya casi terminando mis años de secundaria, esta bandita con una canción que taladraba en todas las radios, me ganó, comenzaron con su I know where it's at y siguieron con Never ever, para ese entonces, las All Saints ya me tenían comiendo de su mano. Lo raro, es que antes que ellas, estaban las muy felices Spice Girls, y nunca me habían gustado, cuando sonaban en la radio, cambiaba, cuando las veía en la tv, cambiaba, pero con las All Saints no me pasó eso, NO SE POR QUÉ.
Hoy me desperté cantando esta canción, "I need you to be honest, really honest, and tell me what's on your mind, can't you tell me what's on your mind? Whatever the problem may be, tell me, cos the body never lies" y lavándome los dientes, movía los pies, tarareaba y llegué a la oficina queriendo escuchar sus greatests hits porque bueno, extraño tener dieciquince y poder comer lo que quiera sin que me duela la panza.
Yeah? Cool.


*Dieciquince: Dícese de la edad entre 15-16-17
Era lo mismo. Pero Alejandro no se daba cuenta.
Él sabía que mi cabeza estaba en otro lado, que me daba todo lo mismo, que yo no era lo que él quería, ni lo que necesitaba.

Estaba sentada en el borde de la cama mirando la oscuridad de la ventana. El horror que encuentro en la oscuridad no me producía ningún escalofrío, al menos cuando la mirada perdida no lo enfocaba. 
- ¿Venís?
- No... ya enseguida.
- ¿Te pasa algo?
- No, mejor me voy a casa.
- Quedate. Te llevo mañana a tu casa, antes de ir a trabajar, querés? Vení, dale, acostate conmigo.


Fui al baño con una frazada y me acosté en la bañadera.
Me despertó no se a qué hora. 
- ¿Avisas que no vas?
- Dejame un rato mas, no te soporto con la luz así.
Escuché sus ruidos y asustada me desperté cuando arrancó el auto, tocó bocina y vi una nota pegada en el espejo.

Se repitieron llamadas sin atender, Alejandro insistía. 
- Te quiero, pero te quiero como quiero ahora un huevo frito, un par de zapatillas nuevas y cortarme el cabello.
- No somos todos iguales, no tengo que pagar yo por los platos rotos de algún otro pelotudo.
- Es lo que te vengo diciendo y seguís con lo mismo. Insistís en estar acá. Andate, te lo dije mil veces.


No llamó por varios días, de cierta forma lo había extrañado. Sus manos, los gestos de su cara cuando leía, su manía de sacar la punta de la lengua al reírse y su intento de no hacerlo mas porque nunca lo había notado hasta que se lo dije. Lo quería, lo extrañaba y escuché su voz buscándome.

- Quiero estar con vos.
- Entendé que yo no.
- Probame, te pido que me escuches, dejame intentar hacerte feliz unos días, semanas, lo que quieras.
- No te quiero Alejandro.

Me decía algo de que los artistas necesitan eso, necesitan el sufrimiento para desarrollar algo, para inspirarse. Le dije que estaba más loco que los libros que leía y me pintó un cuadro. No recuerdo qué hice con el cuadro, creo que lo dí, no me acuerdo ni cómo era, pero en el sueño que me devolvió a Alejandro era rojo. Rojo, muy rojo. Más rojo que todo el charco de sangre en el que una vez lo encontré.
Rojo sangre.
Un fin de semana cargado.
"Pedí la cuenta" le dije. Tenía el estómago lleno, habíamos recibido 12 platos como entrada para 2 personas. 12 platos.
No dábamos más y todavía faltaban 5 platos para terminar el menú.
Cuando salimos a cenar, en su mayoría de veces usamos Yelp. Nos resulta fácil, buscás restaurants en tu zona, leés las reviews, mirás las fotos y así, un completo desconocido te acaba de aconsejar un lugar excelente.
12 platos de antipasto, nos miramos y con los ojos llenos de baba llamamos al restorán. Nos dieron reserva para las 21:30. Era la tercera vez que llamábamos al lugar pidiendo reserva y por fin teníamos una. Nos preparamos para ir al lugar sin merendar. 12 platos de antipasto, 3 de pasta, 1 de carne y 1 degustación de postre sonaba a demasiada comida y teníamos que preparar el estómago para eso.
Llegamos a María Fedele, un restorán italiano, ambientado a lo calabrés. El encanto del lugar me hacía recordar a las viejas cenas en el club de barrio con mi familia. Creo que hay muchas cosas que me recuerdan a mi infancia, pero entrar a este salón bien grande, con mesas familiares, los mozos vestidos "como antes", los cuadros en las paredes, no se, todo, la suma de todo eso, era mi infancia y me gustó volver a sentirla.
Una foto publicada por Angie (@swaczuk) el
Comimos lo que pudimos, dejamos mucha comida. Para cuando llegaron las pastas queríamos llorar por no poder seguir comiendo, llorar porque todo era tan rico y nuestras mandíbulas ya no funcionaban. La carne era riquísima, los postres también.
Salimos de María Fedele peleando con nuestra propia decepción. No pudimos comer todos los platos. Queríamos la revancha.

"Estoy cerca" me dijo. Me pasaba a buscar e íbamos a lo de Cecilia. Había cumplido años el día anterior y armó una cena familiar. Bajé con los regalos y subí al auto. Ceci preparó cosas ricas para comer, contrató un cátering que lastimosamente la jodió y que, obviamente, van a existir quejas con el mismo y todo salió muy lindo. Comimos rico y mucho. No podía parar de recordar la noche anterior en lo de María Fedele y ahí estaba yo, gritando sobre este lugar. Gritando y rogando que lo visiten. La noche se pasó hablando de política, fútbol, bebes, recuerdos y por suerte, nunca hablamos de religión.

"Tengo hambre de asado" dije. Germán estaba poniendo la carne a la parrilla y quería mitigar mi bajón. De picada al asado, probamos una cosecha de flores de Germán, estaban tan ricas que nos bajoneamos toda la picada. Agarramos una bolsa de maní y una de papas, el asado va a tardar un poco. Con la mirada perdida al fuego, estaba terminando el domingo civil de elecciones.
Salieron los primeros choripanes, desesperados los atacamos y quedamos esperando la carne.
Tal como todos los días anteriores, comí mal. Comí lo que no debo comer. Bebí mal. Bebí lo que no debo.
Y caí nuevamente, Caí en este dolor estomacal. Caí en la posible presencia de gastroenteritis.
Caí, a un mes de viajar.
Como siempre, me enfermo cuando viajo.
MIERDA.

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