Jueves 21 de Mayo de 2015, 20:13 hs.
Sigo en la oficina.
Mañana salgo por unos días con mi familia y viajo a Misiones a visitar a mi hermana mayor y sus hijas que me esperan ansiosamente porque no voy a Misiones hace bastante tiempo.
Estoy en la oficina, levanto la cabeza y no hay nadie. Me pongo a cantar all by myself de Celine Dion, grabo un video y se lo paso a mis compañeros y algunas amigas.
Me doy cuenta de lo triste de esta canción y pongo The Black Keys, porque si vamos a levantar, levantemos moviendo la cabeza.

En dos semanas salgo de viaje, de nuevo. Pero esas son vacaciones merecidas.
15 días recorriendo algunas ciudades.
Y un corazoncito latiendo fuertemente.
Cambio y fuera.

Hace varios años atrás, muchos en realidad, (estaba por comenzar el CBC), encontré que en mi mudanza a la gran ciudad, había traído uno de los cd's que a mis dieciquince* años adoraba. Durante mi secundaria no había escuchado mucha música POP! (lo escribo así porque para mí, es la forma de decirlo, la forma "alegre"), siempre fui de escuchar rock de los 70 y ser amiga íntima de los secretitos que Janis Joplin, Stevie Nicks, Joni Mitchell me contaban con algunos cantitos de Patti Smith, Pat Benatar, Joan Baéz, Annie Lennox y bleh; pero ya casi terminando mis años de secundaria, esta bandita con una canción que taladraba en todas las radios, me ganó, comenzaron con su I know where it's at y siguieron con Never ever, para ese entonces, las All Saints ya me tenían comiendo de su mano. Lo raro, es que antes que ellas, estaban las muy felices Spice Girls, y nunca me habían gustado, cuando sonaban en la radio, cambiaba, cuando las veía en la tv, cambiaba, pero con las All Saints no me pasó eso, NO SE POR QUÉ.
Hoy me desperté cantando esta canción, "I need you to be honest, really honest, and tell me what's on your mind, can't you tell me what's on your mind? Whatever the problem may be, tell me, cos the body never lies" y lavándome los dientes, movía los pies, tarareaba y llegué a la oficina queriendo escuchar sus greatests hits porque bueno, extraño tener dieciquince y poder comer lo que quiera sin que me duela la panza.
Yeah? Cool.


*Dieciquince: Dícese de la edad entre 15-16-17
Era lo mismo. Pero Alejandro no se daba cuenta.
Él sabía que mi cabeza estaba en otro lado, que me daba todo lo mismo, que yo no era lo que él quería, ni lo que necesitaba.

Estaba sentada en el borde de la cama mirando la oscuridad de la ventana. El horror que encuentro en la oscuridad no me producía ningún escalofrío, al menos cuando la mirada perdida no lo enfocaba. 
- ¿Venís?
- No... ya enseguida.
- ¿Te pasa algo?
- No, mejor me voy a casa.
- Quedate. Te llevo mañana a tu casa, antes de ir a trabajar, querés? Vení, dale, acostate conmigo.


Fui al baño con una frazada y me acosté en la bañadera.
Me despertó no se a qué hora. 
- ¿Avisas que no vas?
- Dejame un rato mas, no te soporto con la luz así.
Escuché sus ruidos y asustada me desperté cuando arrancó el auto, tocó bocina y vi una nota pegada en el espejo.

Se repitieron llamadas sin atender, Alejandro insistía. 
- Te quiero, pero te quiero como quiero ahora un huevo frito, un par de zapatillas nuevas y cortarme el cabello.
- No somos todos iguales, no tengo que pagar yo por los platos rotos de algún otro pelotudo.
- Es lo que te vengo diciendo y seguís con lo mismo. Insistís en estar acá. Andate, te lo dije mil veces.


No llamó por varios días, de cierta forma lo había extrañado. Sus manos, los gestos de su cara cuando leía, su manía de sacar la punta de la lengua al reírse y su intento de no hacerlo mas porque nunca lo había notado hasta que se lo dije. Lo quería, lo extrañaba y escuché su voz buscándome.

- Quiero estar con vos.
- Entendé que yo no.
- Probame, te pido que me escuches, dejame intentar hacerte feliz unos días, semanas, lo que quieras.
- No te quiero Alejandro.

Me decía algo de que los artistas necesitan eso, necesitan el sufrimiento para desarrollar algo, para inspirarse. Le dije que estaba más loco que los libros que leía y me pintó un cuadro. No recuerdo qué hice con el cuadro, creo que lo dí, no me acuerdo ni cómo era, pero en el sueño que me devolvió a Alejandro era rojo. Rojo, muy rojo. Más rojo que todo el charco de sangre en el que una vez lo encontré.
Rojo sangre.
Un fin de semana cargado.
"Pedí la cuenta" le dije. Tenía el estómago lleno, habíamos recibido 12 platos como entrada para 2 personas. 12 platos.
No dábamos más y todavía faltaban 5 platos para terminar el menú.
Cuando salimos a cenar, en su mayoría de veces usamos Yelp. Nos resulta fácil, buscás restaurants en tu zona, leés las reviews, mirás las fotos y así, un completo desconocido te acaba de aconsejar un lugar excelente.
12 platos de antipasto, nos miramos y con los ojos llenos de baba llamamos al restorán. Nos dieron reserva para las 21:30. Era la tercera vez que llamábamos al lugar pidiendo reserva y por fin teníamos una. Nos preparamos para ir al lugar sin merendar. 12 platos de antipasto, 3 de pasta, 1 de carne y 1 degustación de postre sonaba a demasiada comida y teníamos que preparar el estómago para eso.
Llegamos a María Fedele, un restorán italiano, ambientado a lo calabrés. El encanto del lugar me hacía recordar a las viejas cenas en el club de barrio con mi familia. Creo que hay muchas cosas que me recuerdan a mi infancia, pero entrar a este salón bien grande, con mesas familiares, los mozos vestidos "como antes", los cuadros en las paredes, no se, todo, la suma de todo eso, era mi infancia y me gustó volver a sentirla.
Una foto publicada por Angie (@swaczuk) el
Comimos lo que pudimos, dejamos mucha comida. Para cuando llegaron las pastas queríamos llorar por no poder seguir comiendo, llorar porque todo era tan rico y nuestras mandíbulas ya no funcionaban. La carne era riquísima, los postres también.
Salimos de María Fedele peleando con nuestra propia decepción. No pudimos comer todos los platos. Queríamos la revancha.

"Estoy cerca" me dijo. Me pasaba a buscar e íbamos a lo de Cecilia. Había cumplido años el día anterior y armó una cena familiar. Bajé con los regalos y subí al auto. Ceci preparó cosas ricas para comer, contrató un cátering que lastimosamente la jodió y que, obviamente, van a existir quejas con el mismo y todo salió muy lindo. Comimos rico y mucho. No podía parar de recordar la noche anterior en lo de María Fedele y ahí estaba yo, gritando sobre este lugar. Gritando y rogando que lo visiten. La noche se pasó hablando de política, fútbol, bebes, recuerdos y por suerte, nunca hablamos de religión.

"Tengo hambre de asado" dije. Germán estaba poniendo la carne a la parrilla y quería mitigar mi bajón. De picada al asado, probamos una cosecha de flores de Germán, estaban tan ricas que nos bajoneamos toda la picada. Agarramos una bolsa de maní y una de papas, el asado va a tardar un poco. Con la mirada perdida al fuego, estaba terminando el domingo civil de elecciones.
Salieron los primeros choripanes, desesperados los atacamos y quedamos esperando la carne.
Tal como todos los días anteriores, comí mal. Comí lo que no debo comer. Bebí mal. Bebí lo que no debo.
Y caí nuevamente, Caí en este dolor estomacal. Caí en la posible presencia de gastroenteritis.
Caí, a un mes de viajar.
Como siempre, me enfermo cuando viajo.
MIERDA.

Este estudio (que generalmente te lo pide una nutricionista), determina los valores de masa, grasa total, muscular, masa ósea, líquido en el cuerpo, entre algunas más, dándote un diagnóstico completo de tu cuerpo en minutos y así saber el estado del metabolismo dependiendo de la edad que tengas y comenzar una dieta para mantener, adelgazar o ganar algunos kilogramos.

En mi caso, la adipometría vino más que todo, porque me tocó una nutricionista que me lo pidió. Cuando le pregunté si me lo podía hacer por la obra social, me dijo que no. Que no tenía convenio con OSDE y por eso debía pagar 500 pesos. Me pareció una chotada tener que hacérmelo y pagar por el estudio, más con el precio de la cuota que pago por la obra social. Así que me comuniqué con el centro de atención de OSDE y me brindaron varios lugares en los cuales era gratuito y sólo tenía que llevar la credencial.
Así, caí en el consultorio del Doctor Juan José Munné.

Ante todo, voy a explicar por qué fui a una nutricionista.
Hace unos años, no recuerdo si 2010 o 2011, me diagnosticaron gastroenteritis. Después de una endoscopía, había salido positivo al helicobacter pylori y comencé con una dieta estricta que incluía no comer nada de mis alimentos preferidos. Estuve haciéndola un año cumpliendóla casi a rajatabla, hasta que la dejé. Los dolores habían desaparecido y hace un tiempo volvieron.

Fui a un gastroenterólogo y quedamos en que debía hacerme un test del aire espirado para saber si el helicóptero, como lo bauticé, porque decir helicobacter no siempre me sale y helicóptero me sale más fácil, seguía en mi estómago y obviamente, me prohibió comer algunas de las cosas que todavía me siguen gustando porque eso ayuda al bicho o no sé.
Decidí que era hora de cumplir la dieta y comenzar, también, a comer sano. No tengo 20 años para que una pizza con huevo frito, papas fritas y bacon no me haga nada.
Busqué en la guía de OSDE, alguna nutricionista cerca del trabajo y de casa, y fui a Arenales al 1611 3er piso.
Después de explicarle a la licenciada mi decisión de comer bien, no sólo por el helicóptero, sino por mi propia salud, me dio una breve dieta hasta que retirara la final, y también recomendó, hacerme la adipometría. "Podés hacertela los martes y jueves, abonás 500 pesos y después me la entregás". Fue en ese momento, en el que me pareció una boludez tremenda pagar algo que podría hacérmelo en otro lugar y no podía parar de pensar en llamar a otro lugar.

Conseguí, por suerte, turno enseguida con el Doctor Juan José Munné, no me hizo esperar más de 5 minutos en su consultorio que ya estaba midiéndome las partes del cuerpo que tenía que medir.
Me dio los resultados explicándome que básicamente, estaba bien. No tenía sobrepeso, no tenía grasa corporal por fuera de lo estipulado, todo estaba bien de acuerdo a mi peso, estatura y edad.
No entendía los motivos por los cuales me mandaron a hacer este estudio, más que el mismo que estaba entendiendo yo hasta ese momento. Los 500 pesos.

Hoy pedí turno con otro nutricionista, tal vez la adipometría está bien pedida y yo estoy frikiando, tal vez está mal, pero ante la duda, siempre consultar con otro médico.
Porque la nutricionista a la que fui, simplemente explicándole mis síntomas, me diagnosticó intolerancia a la lactosa, y que me digan que tengo algo sin siquiera hacerme un estudio, me resulta muy yahoo respuestas. Sobretodo, porque después de tomar yogurth, no siento ningún cólico abdominal, diarrea, naúseas ni gases.
KCYO.

Después de leer miles de páginas de cómo lograr que AFIP te devuelva el 35% de percepción si trabajás en relación de dependencia y no pagás ganancias, hoy presenté 3 notas de Pronto Despacho a la AFIP. ¿De qué trata esta nota de pronto despacho? Es una nota, en donde "intimás" por así decirlo a la AFIP, a que te devuelva lo que te cobraron del 15%, 20%, 35% de retención en todas tus compras con tarjeta de crédito y débito en productos en el extranjero o lo que gastaste en tus viajes.
Somos muchos los que compramos en ebay o amazon alguna boludez, muchos los que para nuestras vacaciones decidimos invertir en paquetes turísticos, aéreos, hoteles afuera del país, y por supuesto, muchos los que pedimos moneda extranjera para poder llegar con algo a dicho país y después pasar tarjeta en comida, ropa, electrónica, paseos, etc.
Así que guíandome por la web de Ariel Setton, entré a la web de AFIP y me fijé la dependencia de la que dependía según mi domicilio. Fui a la Agencia N° 51, en mesa de entrada avisé que iba a presentar una nota de Pronto Despacho por las retenciones, me dieron un papelito que adjunto al post y me enviaron directo al 1er piso.

Turno entregado en la mesa de entrada de AFIP

En el 1er piso esperé a ser atendida.
El empleado que me atendió, fue muy cordial y buena onda. Le expliqué lo que estaba por presentar, me pidió mi número de teléfono y email. Se fijó de acuerdo a mi CUIT, que perteneciera a esa agencia e imprimió el padrón para adjuntar a la nota que iba a presentar.
Cuando le mostré que tenía tres notas, una por cada presentación que había hecho anteriormente a través del formulario online 746/A en la web de AFIP, me explicó que no hacía falta que presentara tantas, porque ellos, adjuntaban las 3 juntas, así que si hacía una sola nota con los comprobantes necesarios por períodos, estaba bien.
Me hizo agregar el número de teléfono a cada nota y al duplicado que había llevado, me lo selló con recibido.

A la nota agregué:
                              * Acuse de recibo por cada período presentado.
      * Formulario declaración jurada de cada período presentado.
      * Copia DNI (ambos lados)

Es importante que lleven una copia de DNI, porque lo primero que me preguntó era si tenía copia de DNI adjuntada.

¿Cómo seguirá este trámite?
Depende de ellos, hay historias de que devuelven a la semana, a los pocos días, o a los varios meses, pero bueno, dejando de lado esas leyendas urbanas, pretendo postear nuevamente cuando tenga en el banco algo de la devolución que pretendo obtener.
El mes que viene, presentaré una nota por los demás períodos que tengo sin devolver. Hoy presenté tres de las veinte declaraciones juradas. Se supone que en 10 días hábiles me debería llegar a mi domicilio fiscal una carta de la AFIP en donde confirman que me deben dinero y que se comprometen a devolvérmelo en un período de 45 días. Todo esto, en teoría.
Veremos en la práctica, cómo sigue.





Hace poco, en un restaurant, vi a un par de chicas con unas cámaras réflex sacándole fotos a los respectivos platos de comida que habían pedido. Pensé que quizás eran foodies y quizás tendrían algún blog en donde reseñarían lo que estaban por almorzar o simplemente, lo compartirían en las redes sociales para ser la envidia de los demás.
Debo decir que sus platos se veían bastante atractivos, pero no atraían a mi estómago.
Fiel a las tradiciones familiares que quedaron en mí, pedí un plato que no tuviera carne roja. Sí, era viernes santo y la tradición familiar que mi viejo nos inculcó, requería no comer carne del color del cuerpo de Jesucristo.
Mientras esperaba el pedido que había hecho, las veía tomar varias fotografías a los platos, vasos, bebida, etc. Sí, de seguro lo van a subir a alguna red social, pensé. Y me llamó la atención ese pequeño detalle que ya se convirtió en algo común y corriente a mi vista.
Muchas veces, tomé fotografías a los platos que pedí en algún restaurant, lo hice con el afán de subirlos a Yelp para luego reseñarlos. Muchas veces más, vi a  otras personas hacerlo, inclusive a mis amigos.
Así, fue que pensé, ¿por qué, nunca le sacamos fotos a los que nos queda en el plato? Acaso será porque ya no es tan atractivo a nuestros "amigos" en Facebook, Twitter o Instagram?
¿Será porque el plato desordenado, queda feo?
Sea por lo que sea, nunca ví el plato con las sobras, con todo eso que no comiste compartido por alguien. Y así, se me ocurrió hacer este proyecto.
El proyecto de Lo Que No Como. De lo que dejo en el plato siempre.
Y comencé a compartir fotos de comidas en el antes y en el después. Comencé a compartirlo en la red social, quizás, más careta de todas.
Este es mi proyecto careta para Instagram, decidí incluir en el mismo, el restaurant, el plato, el precio y el perfil del restaurant en Yelp. Si se preguntan por qué incluí el precio, mi respuesta es, porque quizás a alguien le da hambre y quiere ir, o porque te gastaste 150 mangos en un plato en el que ni comiste la mitad y después te preguntás "¿por qué no llego a fin de mes?".
Les dejo acá, mi primer post:

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