Swift

Brindis.

Lo miraba desconfiado por cada palabra que decía. Se notaba, sobretodo en sus ojos, que no le gustaba que le sacaran protagonismo. El momento del brindis siempre fue suyo y esta vez, se sintió desplazado por otro hombre. Hombre, que injustamente, se llevó a su hija a otra provincia.

Sólo se dieron cuenta su hermana y una de sus hijas, a quiénes puede mentir con palabras pero no con gestos. Una de ellas lo abrazó y le dijo: "Me gusta más cuando vos brindás." Y le dió un beso.
Pudo calmarlo pero no del todo. Hasta quizás la cuarta botella con cierto grado de alcohol, con la cual mostró levemente, como si doliera, una sonrisa. 
Se sentó a disfrutar del baile de sus nietas. Dos horas seguidas mirando el largo revoleo de piernas, escuchando una música que seguro no entiende y dudando del gusto musical moderno.
Abrazó a una de sus hijas, "esta es tu casa siempre." le dijo y lo repetiría con la otra unas minutos más tarde.
Se sintió cansado, tal vez mareado, saludó a todos y se acostó.
No sin antes abrir otra botella del mismo grado alcohólico que las anteriores y balbucear las palabras que hace casi tres horas tuvo que guardarlas.


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