Swift

Procesión.

Masturbame, no quiero cojer. Le dije.

Por qué?, preguntó.
No respondí.
Llevaba mucho tiempo pendiente de una voz. Marqué su número una vez más y no respondió. Borré la llamada, borré el número, santigüé una oración: no voy a llamar más.
En eso pensaba mientras alguien me tocaba. Es gracioso lo que mi cabeza recuerda algunas veces.
Sentí unos besos en el cuello, en la cara, en mis pechos. Cerré los ojos.
¿Por qué cerras los ojos? preguntó.
- Porque me gusta.
- ¿Mis besos o cerrar los ojos?
Permanecí en silencio.
Por la sonrisa que tenés en tu cara, tengo que decir que son mis besos, dijo aumentando su ego.
Lo que sea que te haga feliz, respondí mientras giraba la cabeza a un costado.
Seguía tocándome, debía ser algún tipo de procesión para su cuerpo.
Comencé a recordar charlas, besos, promesas, dibujos. Guardé varias imágenes suyas, sonrisas, gestos, gemidos. 
Mi favorita, unas sonrisas seguidas de gemidos incontenibles. Mi cuerpo encima del suyo, mi cuerpo causándole placer. Su boca entreabierta, su aliento en mi cuello, sus manos sosteniendome, sus brazos abrazándome fuertemente. Su transpiración, nuestra transpiración, sus fluidos mezclandose con los míos. 
¿Te siguen gustando mis besos? Escuché su voz entrecortada.
Seguía con los ojos cerrados, mojada por ese recuerdo. Sus manos comenzaron a moverse más rápido, mordió uno de mis pechos y el dolor agigantó otro recuerdo.
Comencé a moverme, tenía el cuerpo caliente, quería más. El cuerpo electrizado y acabé enormidades.
Tranquilicé mi respiración.
Vení, no quiero cojer. Le dije.
Y abrí la puerta de casa, para que se fuera.



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