Swift

Y caí nuevamente.

Un fin de semana cargado.
"Pedí la cuenta" le dije. Tenía el estómago lleno, habíamos recibido 12 platos como entrada para 2 personas. 12 platos.
No dábamos más y todavía faltaban 5 platos para terminar el menú.
Cuando salimos a cenar, en su mayoría de veces usamos Yelp. Nos resulta fácil, buscás restaurants en tu zona, leés las reviews, mirás las fotos y así, un completo desconocido te acaba de aconsejar un lugar excelente.
12 platos de antipasto, nos miramos y con los ojos llenos de baba llamamos al restorán. Nos dieron reserva para las 21:30. Era la tercera vez que llamábamos al lugar pidiendo reserva y por fin teníamos una. Nos preparamos para ir al lugar sin merendar. 12 platos de antipasto, 3 de pasta, 1 de carne y 1 degustación de postre sonaba a demasiada comida y teníamos que preparar el estómago para eso.
Llegamos a María Fedele, un restorán italiano, ambientado a lo calabrés. El encanto del lugar me hacía recordar a las viejas cenas en el club de barrio con mi familia. Creo que hay muchas cosas que me recuerdan a mi infancia, pero entrar a este salón bien grande, con mesas familiares, los mozos vestidos "como antes", los cuadros en las paredes, no se, todo, la suma de todo eso, era mi infancia y me gustó volver a sentirla.

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Comimos lo que pudimos, dejamos mucha comida. Para cuando llegaron las pastas queríamos llorar por no poder seguir comiendo, llorar porque todo era tan rico y nuestras mandíbulas ya no funcionaban. La carne era riquísima, los postres también.
Salimos de María Fedele peleando con nuestra propia decepción. No pudimos comer todos los platos. Queríamos la revancha.

"Estoy cerca" me dijo. Me pasaba a buscar e íbamos a lo de Cecilia. Había cumplido años el día anterior y armó una cena familiar. Bajé con los regalos y subí al auto. Ceci preparó cosas ricas para comer, contrató un cátering que lastimosamente la jodió y que, obviamente, van a existir quejas con el mismo y todo salió muy lindo. Comimos rico y mucho. No podía parar de recordar la noche anterior en lo de María Fedele y ahí estaba yo, gritando sobre este lugar. Gritando y rogando que lo visiten. La noche se pasó hablando de política, fútbol, bebes, recuerdos y por suerte, nunca hablamos de religión.

"Tengo hambre de asado" dije. Germán estaba poniendo la carne a la parrilla y quería mitigar mi bajón. De picada al asado, probamos una cosecha de flores de Germán, estaban tan ricas que nos bajoneamos toda la picada. Agarramos una bolsa de maní y una de papas, el asado va a tardar un poco. Con la mirada perdida al fuego, estaba terminando el domingo civil de elecciones.
Salieron los primeros choripanes, desesperados los atacamos y quedamos esperando la carne.
Tal como todos los días anteriores, comí mal. Comí lo que no debo comer. Bebí mal. Bebí lo que no debo.
Y caí nuevamente, Caí en este dolor estomacal. Caí en la posible presencia de gastroenteritis.
Caí, a un mes de viajar.
Como siempre, me enfermo cuando viajo.
MIERDA.

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