Swift

Pont de Bir-Hakeim

Hoy soñé con mis próximas vacaciones. Soñé con el lugar en dónde me tenía que bajar para caminar 1 cuadra y media al departamento que había alquilado por airbnb y que, creo, dos semanas atrás cancelaron.
El Pont de Bir-Hakeim, tiene una vista a la Torre Eiffel, quizás uno de los puntos turísticos más fotografiados del mundo entero, y me había preguntado en varias ocasiones, cómo sería la vista desde el puente.
Soñé con eso, soñé con ese bendito puente. Con ese puente, que no aparece en Rayuela, pero sí aparece en El Último Tango en París, y ahí aparece Marlon Brando con toda esa juventud-canosa-encima-gritando-debajo-del-metro y se cruza con una mujer que él no nota, y los dos caminan con diferentes miradas aunque más tarde, se amen en un cuarto. Un cuarto en París. París, el del Pont de Bir-Hakeim. Soñé con ese París. El París que te permite amar gritando, con La Maga y Oliveira en la cabeza.


"¿Qué venía yo a hacer al Pont des Arts? Me parece que ese jueves de diciembre tenía pensado cruzar a la orilla derecha y beber vino en el cafecito de la rue des Lombards donde madame Léonie me mira la palma de la mano y me anuncia viajes y sorpresas. Nunca te llevé a que madame Léonie te mirara la palma de la mano, a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mí, porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro."

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